Un artículo de Teófilo González Villalba, terapeuta ocupacional, y Patricia Durán Sevillano, logopeda, en Neurovida
“Lo tengo en la punta de la lengua”. Cuántas veces habremos empleado esa frase para expresar nuestra incapacidad momentánea de recordar algo. Una imagen, un dato, una situación que, tarde o temprano, regresa a nosotros.
No supone una merma en nuestra salud, salvo que se repita a menudo. En ese caso puede significar que hay un problema, tanto de memoria como acceso al léxico y de organización del pensamiento. Si le sumamos episodios de desorientación personal nos acercamos al diagnóstico de Alzheimer.

La detección precoz es clave para detener dicho progreso y para mejorar la calidad de vida de quienes la padecen y de las personas convivientes mediante la realización de una serie de terapias enmarcadas dentro de unas rutinas diseñadas para ellos: talleres de estimulación cognitiva, funcional y motora, ejercicios del lenguaje musicoterapia y distintos talleres de entretenimiento.
Se trata de que se sientan útiles, pero, muy importante: también queridos e integrados socialmente. Así, las rutinas y una convivencia positiva a nivel afectivo es el primer consejo que los expertos ofrecen a los familiares, además de seguir estas recomendaciones:
- Fomentar la autonomía
- Proporcionar seguridad e interés
- Motivarles a continuar con sus aficiones y a mantener amistades, evitando el aislamiento
No es tarea fácil para los familiares y cuidadores, que se ven desbordados en no pocas ocasiones por los efectos de este mal, que afecta, sobre todo, a personas que rebasan los 80, pero que, si aparece a edades tempranas, puede ser devastador.